martes, 9 de septiembre de 2014

Este era un hombre que a los veinte años de edad se había propuesto cambiar al mundo; pero que a los treinta años se dio cuenta de que el mundo era muy grande para cambiarlo y que, lo mejor, era hacerlo con su continente.

A los cuarenta años entendió que eso sería imposible y que lo mejor era ser el referente para su país.

A los cincuentas años comprendió que esa meta tampoco lo lograría, así que decidió encarar el cambio de su provincia.

A los sesenta años, vio que no había logrado ninguno de sus cometidos, pues sabía que no lo conseguiría y que lo mejor era hacerlo con su pueblo ya que si ellos cambiaban, entonces quedaría un legado de cambio.

A los setenta años, luego de volver a fracasar, entendió que la célula principal de la sociedad es la familia y es allí donde debería empezar; con su mujer, sus hijos, sus nietos.

Sin embargo, a los ochenta años, ya en su lecho de muerte entendió que al único que debió haber cambiado era a él mismo.



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