Cuentan que cuando los dioses del Olimpo se reunieron para crear al hombre, acordaron hacerlo a su imagen y semejanza.
Pero entre ellos hubo una reocupación, estaban creando nuevos dioses, por lo que deberían marcar una diferencia.
Así paso mucho tiempo hasta que, a asugerencia de uno de ellos, acordaron esconderles la felicidad.
Entonces, la pregunta era "¿dónde esconderla para que no la encuentren?".
Y así transcurrió otro tiempo más.
Un día, uno de los dioses dijo: "Muy sencillo, la esconderemos dentro de ellos mismo".
The words you need ♥
Bienvenidos al blog THE WORDS YOU NEED ♥ , este blog esta dirigido a todos aquellos que están buscando frases o las palabras exactas para describir lo que sienten. Aquí encontrarán frases y otros contenidos de libros, canciones y muchas cosas más... ♥
miércoles, 17 de septiembre de 2014
martes, 16 de septiembre de 2014
Había un rey que convocó a los distintos artistas de su reino para que representaran en un cuadro 'la Felicidad'. El ganador recibiría a cambio una bolsa de monedas de oro y sería reconocido por todos en la comarca.
Llegado el día, al ingresar al salón de exposiciones donde había muchas obras, el rey quedó sorprendido. Entre ellas había: cielos que representaban atardeceres; otros cuadros mostraban playas, flores, nubes; varios otros, aves en pleno vuelo, con distintas tonalidades de color de cielo; otros más, rostros de niños; incluso había un bodegón con frutas y panes en una mesa; otro cuadro consistía en una vista amplia de una parte de la ciudad, contemplada desde la altura de una montaña.
El rey siguió mirando y mirando, mientras llegaban más cuadros que en el fondo tenían imágenes similares.
Lentamente se paraba, miraba y seguía hasta que llegó a uno que lo sorprendió y causó su admiración. Este cuadro contenía la siguiente representación sobre 'la Felicidad': unas montañas oscuras imponentes servían de fondo, en cuyo centro una gran cascada de agua reventaba sobre unas rocas que sobresalían en la parte baja del cuadro. El cielo era tormentoso. A la derecha se observaba una rama seca como puesta en medio del cuadro y en prime plano, posado sobre esta rama, estaba pintado un 'turtu-pilín', un pajarito con un plumaje rojo en la cabeza y en el pecho, quien no obstante su pequeño tamaño, se mostraba imponente, radiante, en esa inmensidad.
El rey volteó la vista hacia sus acompañantes y preguntó: "¿Qué les parece?"... Estos empezaron a reír y dijeron: "Es una burla, debes castigar al autor".
El rey, exaltado, repuso: "No señores, este es el cuadro ganador...".
Obviamente nadie se atrevía a cuestionar tal decisión; sin embargo, el más joven de ellos no aguantó la curiosidad y más que preguntar sobre la decisión del rey, dijo: "Señor, me encantaría que me enseñes lo que tú ves que no puedo ver yo".
El rey, entendiendo su habilidad para interrogarlo, con una sonrisa le respondió: "Mira fijamente, cierra los ojos y dime lo que sientas, no lo que has visto, sino lo que sientes".
Luego de un largo rato, el joven respondió: "Siento angustia, temor, es algo tétrico; no siento tranquilidad, menos felicidad".
Entonces el rey le preguntó: "¿Nada más?"... A lo que el joven contestó: "Nada más, señor".
El rey, dirigiéndose a todos con voz alta, les dijo: "Este joven ha visto lo mismo que muchos de ustedes seguramente ven: angustia, temor un paisaje tétrico; sin embargo, yo veo en medio de las adversidades cómo vive una hermosa avecilla".
Amigos, tenemos que aprender a ser felices aunque existan calamidades, tropiezos. La felicidad no es una meta, es todo el trayecto, es el día a día; es saber vivir sin amilanarse por las adversidades...".
Luego de una larga pausa, mientras miraban el cuadro, algunos entendieron el mensaje; pero otros, lamentablemente, continuaron ciegos.
Llegado el día, al ingresar al salón de exposiciones donde había muchas obras, el rey quedó sorprendido. Entre ellas había: cielos que representaban atardeceres; otros cuadros mostraban playas, flores, nubes; varios otros, aves en pleno vuelo, con distintas tonalidades de color de cielo; otros más, rostros de niños; incluso había un bodegón con frutas y panes en una mesa; otro cuadro consistía en una vista amplia de una parte de la ciudad, contemplada desde la altura de una montaña.
El rey siguió mirando y mirando, mientras llegaban más cuadros que en el fondo tenían imágenes similares.
Lentamente se paraba, miraba y seguía hasta que llegó a uno que lo sorprendió y causó su admiración. Este cuadro contenía la siguiente representación sobre 'la Felicidad': unas montañas oscuras imponentes servían de fondo, en cuyo centro una gran cascada de agua reventaba sobre unas rocas que sobresalían en la parte baja del cuadro. El cielo era tormentoso. A la derecha se observaba una rama seca como puesta en medio del cuadro y en prime plano, posado sobre esta rama, estaba pintado un 'turtu-pilín', un pajarito con un plumaje rojo en la cabeza y en el pecho, quien no obstante su pequeño tamaño, se mostraba imponente, radiante, en esa inmensidad.
El rey volteó la vista hacia sus acompañantes y preguntó: "¿Qué les parece?"... Estos empezaron a reír y dijeron: "Es una burla, debes castigar al autor".
El rey, exaltado, repuso: "No señores, este es el cuadro ganador...".
Obviamente nadie se atrevía a cuestionar tal decisión; sin embargo, el más joven de ellos no aguantó la curiosidad y más que preguntar sobre la decisión del rey, dijo: "Señor, me encantaría que me enseñes lo que tú ves que no puedo ver yo".
El rey, entendiendo su habilidad para interrogarlo, con una sonrisa le respondió: "Mira fijamente, cierra los ojos y dime lo que sientas, no lo que has visto, sino lo que sientes".
Luego de un largo rato, el joven respondió: "Siento angustia, temor, es algo tétrico; no siento tranquilidad, menos felicidad".
Entonces el rey le preguntó: "¿Nada más?"... A lo que el joven contestó: "Nada más, señor".
El rey, dirigiéndose a todos con voz alta, les dijo: "Este joven ha visto lo mismo que muchos de ustedes seguramente ven: angustia, temor un paisaje tétrico; sin embargo, yo veo en medio de las adversidades cómo vive una hermosa avecilla".
Amigos, tenemos que aprender a ser felices aunque existan calamidades, tropiezos. La felicidad no es una meta, es todo el trayecto, es el día a día; es saber vivir sin amilanarse por las adversidades...".
Luego de una larga pausa, mientras miraban el cuadro, algunos entendieron el mensaje; pero otros, lamentablemente, continuaron ciegos.
miércoles, 10 de septiembre de 2014
Una vez en una hoja amarilla de papel
con rayas verdes escribió un poema
Y lo llamó "Chops"
porque así se llamaba su perro
Y de eso se trataba todo
Y su profesor le puso un sobresaliente
y una estrella dorada
Y su madre lo colgó en la puerta de la
cocina
y se lo leyó a sus tías
Ese fue el año en el que el Padre
Tracy
llevó a todos los niños al zoo
Y les dejó cantar en el autobús
Y su hermana pequeña nació
con las uñas de los pies diminutas y
sin pelo
Y su madre y su padre se besaban mucho
Y la niña de la vuelta de la esquina le
envió una
tarjeta de San Valentín firmada con una
fila de X
y él tuvo que preguntarle a su padre
qué significaban las X
Y su padre siempre lo arropaba en la
cama por la noche
Y siempre estaba ahí para hacerlo
Una vez en una hoja blanca de papel con
rayas azules escribió un poema
Y lo llamó "Otoño"
porque así se llamaba la estación
y de eso trataba todo
Y su profesor le puso un sobresaliente
y le pidió que escribiera con más
claridad
Y su madre nunca lo colgó en la puerta
de la cocina
porque estaba recién pintada
Y los niños le dijeron
que el Padre Tracy fumaba puros
Y dejaba colillas en los bancos de la
iglesia
Y a veces las quemaduras hacían
agujeros
Ese fue el año en que a su hermana le
pusieron gafas
con cristales gruesos y montura negra
Y la niña de la vuelta de la esquina se
rió
cuando él le pidió que fuera a ver a
Papá Noel
Y los niños le dijeron por qué
su madre y su padre se besaban mucho
Y su padre nunca lo arropaba en la cama
por la noche
Y su padre se enfadó
cuando se lo pidió llorando
Una vez en un papel arrancado de su
cuaderno escribió un poema
Y lo llamó "Inocencia: una
duda"
porque esa duda tenía sobre su chica
Y de eso trataba todo
Y su profesor le puso un sobresaliente
y lo miró fijamente de forma extraña
su madre nunca lo colgó en la puerta de
la cocina
porque él nunca se lo enseñó
Ese fue el año en el que murió el Padre
Tracy
Y olvidó como
era el final del credo
Y sorprendió a su hermana
enrollándose con uno en el porche
trasero
Y su madre y su padre nunca se besaban
ni siquiera se hablaban
Y la chica de la vuelta de la esquina
llevaba demasiado maquillaje
Que le hacía toser cuando la besaba
pero la besaba de todas formas
porque tenía que hacerlo
Y a las tres de la madrugada se metió
él mismo en la cama
mientras su padre roncaba profundamente
Por eso en el dorso de una bolsa de
papel marrón
intentó escribir otro poema
Y lo llamó "Absolutamente
nada"
porque de eso trataba todo en realidad
Y se dio a sí mismo un sobresaliente
y un corte en cada una de sus malditas
muñecas
Y lo colgó en la puerta del baño
porque esta vez no creyó
que pudiera llegar a la cocina.
martes, 9 de septiembre de 2014
Este era un hombre que a los veinte años de edad se había propuesto cambiar al mundo; pero que a los treinta años se dio cuenta de que el mundo era muy grande para cambiarlo y que, lo mejor, era hacerlo con su continente.
A los cuarenta años entendió que eso sería imposible y que lo mejor era ser el referente para su país.
A los cincuentas años comprendió que esa meta tampoco lo lograría, así que decidió encarar el cambio de su provincia.
A los sesenta años, vio que no había logrado ninguno de sus cometidos, pues sabía que no lo conseguiría y que lo mejor era hacerlo con su pueblo ya que si ellos cambiaban, entonces quedaría un legado de cambio.
A los setenta años, luego de volver a fracasar, entendió que la célula principal de la sociedad es la familia y es allí donde debería empezar; con su mujer, sus hijos, sus nietos.
Sin embargo, a los ochenta años, ya en su lecho de muerte entendió que al único que debió haber cambiado era a él mismo.
A los cuarenta años entendió que eso sería imposible y que lo mejor era ser el referente para su país.
A los cincuentas años comprendió que esa meta tampoco lo lograría, así que decidió encarar el cambio de su provincia.
A los sesenta años, vio que no había logrado ninguno de sus cometidos, pues sabía que no lo conseguiría y que lo mejor era hacerlo con su pueblo ya que si ellos cambiaban, entonces quedaría un legado de cambio.
A los setenta años, luego de volver a fracasar, entendió que la célula principal de la sociedad es la familia y es allí donde debería empezar; con su mujer, sus hijos, sus nietos.
Sin embargo, a los ochenta años, ya en su lecho de muerte entendió que al único que debió haber cambiado era a él mismo.
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